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jueves, 3 de septiembre de 2026

Los Siete Autootorgamientos de Micael y el libro de "la Ascensión de Isaías": Una Correspondencia Olvidada


Uno de los conceptos más audaces y teológicamente densos del Libro de Urantia es el de los autootorgamientos de Cristo Micael de Nebadón, al que la tradición cristiana conoce simplemente como Jesús de Nazareth o Cristo, Según el Documento 119, antes de encarnar como Jesús de Nazaret, nuestro Micael ya había vivido siete experiencias sucesivas adoptando (de forma encubierta) genuinamente la naturaleza de distintas órdenes de criaturas de su universo. Cada autootorgamiento era un descenso voluntario al nivel de sus criaturas para comprenderlas desde adentro, y el medio por el cual debía ganar soberanía plena sobre todo Nebadón. El séptimo y último fue la encarnación en Belén de Palestina.

Lo que resulta revelador para nosotros los lectores es que este concepto, el de un ser celestial que desciende adoptando sucesivamente la apariencia de cada nivel que atraviesa para no ser reconocido, no es necesariamente una revelación inedita. Está codificado, de forma primitiva y parcial pero reconocible, en un texto pseudoepigráfico cristiano del siglo I o II d.C. conocido como la Ascensión de Isaías.


Lo Que Cuenta la Ascensión de Isaías

La Ascensión de Isaías es un documento apocalíptico que narra una visión en la que supuestamente el profeta Isaías asciende a través de siete cielos guiado por un ángel. En esa visión, Dios, llamado como el "Altísimo" o la "Gran Gloria", le da una orden al "Amado" (Cristo) para que descienda por todos los cielos hasta la tierra. La instrucción es:

"Sal y desciende por todos los cielos... serás semejante a la imagen de todos los que están en los cinco cielos" (Ascensión de Isaías 10:8-9).

El propósito del disfraz es evidente, que las potencias de los cielos inferiores no lo reconozcan en su descenso. El capítulo 11 narra la ejecución del drama, al llegar al sexto cielo, el Amado se transforma para parecerse a sus ángeles; al quinto, adopta la forma del quinto; así sucesivamente hasta el firmamento y la tierra, donde nace como infante.

En el ascenso posterior, ya glorificado tras la resurrección, los ángeles de cada cielo reaccionan con estupor: "¿Cómo descendió nuestro Señor en medio de nosotros, y no percibimos la gloria que ha estado sobre Él?" (11:24). Pasó entre ellos, adoptó su forma, y no lo reconocieron.


Los Siete Autootorgamientos según el Documento 119

El Libro de Urantia articula este mismo esquema de manera sistemática. Micael de Nebadón debía completar siete autootorgamientos en formas de vida descendentes antes de asumir la soberanía plena de su universo. En cada uno, Micael adoptaba genuinamente la naturaleza de ese nivel, no era un simple disfraz superficial sino una sujeción real a las limitaciones y experiencias de esa forma de vida.

Según el Documento 119, los siete autootorgamientos fueron, en orden descendente:

  1. Como Hijo Melquisedec — apareció entre los Melquisedec de Nebadón, sirvió cien años y fue considerado como uno de ellos (119:1).
  2. Como Hijo Lanonandek — adoptó la forma de un Soberano de Sistema en el sistema de Palonia, gobernando durante más de diecisiete años (119:2).
  3. Como Hijo Material — se encarnó como un Adán, actuando como Príncipe Planetario interino en un mundo aislado por rebelión (119:3).
  4. Como Serafín — se personalizó en la forma de un ángel de la orden suprema, sirviendo como consejero de enseñanza seráfico durante más de cuarenta años (119:4).
  5. Como espíritu mortal ascendente — apareció en Uversa, la capital del superuniverso, adoptando la forma de un peregrino del tiempo y el espacio en estado espiritual, conocido allí bajo el nombre de Eventod (119:5).
  6. Como mortal morontial — vivió en Endantun, sede de la quinta constelación, la etapa de transición entre lo material y lo espiritual (119:6).
  7. Como mortal de carne y hueso — Josué ben José, Jesús de Nazaret, en Urantia (119:7).

El patrón es descendente y culminante, desde los Hijos más elevados del universo local, pasando por los ángeles, luego por las distintas fases de la carrera mortal ascendente, espíritu, morontia, carne— hasta el nivel más bajo y el más cercano a la criatura evolutiva.


La Correspondencia Estructural

La afinidad entre ambos textos es visible. Los elementos compartidos son notables:

El descenso a través de niveles jerárquicos. Ambos textos presentan un cosmos estratificado. La Ascensión de Isaías describe siete cielos con ángeles, tronos y gloria creciente. El Libro de Urantia describe un universo con órdenes de seres igualmente jerarquizados —Melquisedec, Lanonandek, Hijos Materiales, ángeles, ascendentes, morontiales, mortales. En ambos, "descender" significa adoptar la naturaleza del nivel inferior.

La transformación deliberada para no ser reconocido. En la Ascensión de Isaías el propósito es explícito: el Amado adopta la forma de cada cielo para pasar inadvertido, incluso dando "contraseñas" a los guardianes de cada puerta. En el Documento 119 ocurre algo funcionalmente equivalente: Micael aparecía en cada orden como un individuo plenamente desarrollado de ese grupo, sin anuncio, sin ser identificado. Durante el autootorgamiento seráfico, el texto declara que "todos sabíamos que nuestro amado Soberano estaba de viaje en el universo bajo la guia de un serafín, pero nunca pudimos estar seguros de su identidad" (119:4.4).

El reconocimiento solo llega después. En la Ascensión de Isaías, los ángeles comprenden quién era el Amado únicamente cuando asciende glorificado. En el Documento 119, la soberanía de Micael sobre cada orden de seres se consolida después del autootorgamiento, y el texto subraya el efecto permanente: desde que Micael se autootorgó como Hijo Material, ningún Adán en Nebadón se ha rebelado conscientemente contra él, porque ahora saben que él fue uno de ellos (119:3.7-8).

El ciclo descendente-ascendente. En ambos textos, el Amado desciende, vive en la forma adoptada, y asciende recuperando —e incrementando— su gloria. La Ascensión de Isaías lo narra como un solo ciclo; el Documento 119 lo multiplica por siete, uno por cada orden de criaturas del universo.

El asombro de los que no reconocieron. En la Ascensión de Isaías, los ángeles de cada cielo exclaman al ver el ascenso glorificado: "¿Cómo pasó por aquí sin que lo percibimos?" En el Documento 119 se describe un efecto similar sobre los Hijos Materiales de Nebadon: al saber que Micael fue uno de ellos como Príncipe Planetario, quedaron transformados en su lealtad para siempre.


Lo Que el Escritor del Antiguo Texto Intuía Sin Poder Articular

La Ascensión de Isaías describe un solo ciclo descendente-ascendente. El Libro de Urantia lo expande a siete autootorgamientos, respondiendo a una lógica que el texto antiguo intuye pero no puede formular: que para gobernar con autoridad compasiva sobre seres de naturaleza tan diversa —Melquisedec, Lanonandek, Adanes, ángeles, espíritus, morontiales, mortales—, el gobernante debe haberlos sido.

También hay algunas diferencias de énfasis importantes. La Ascensión de Isaías concibe el descenso principalmente como estrategia de ocultamiento ante potencias hostiles, las fuerzas de Beliar no deben enterarse. El Libro de Urantia desplaza el centro de gravedad, el propósito del autootorgamiento no es el engaño sino la comprensión y la soberanía legítima. Como dice el Documento 119:0.4: "El propósito de estos autootorgamientos en forma de las criaturas consiste en permitir que dichos Creadores se tornen soberanos sabios, compasivos, justos y comprensivos." El autootorgamiento no era truco sino una escuela.

Finalmente, el Libro de Urantia universaliza el esquema. No es el patrón exclusivo de Jesús de Nazaret, sino el requisito de todo Hijo Creador en el gran universo, todos los Micaeles deben completar sus siete autootorgamientos antes de recibir la soberanía plena de su universo local (119:0.3). Lo que la Ascensión de Isaías percibió como un evento único y cósmico, el Libro de Urantia lo presenta como la norma del gobierno universal.


Una Corriente Olvidada del Cristianismo Primitivo

Lo más significativo de este paralelo no es que un texto valide al otro. Lo significativo es que muestra que la intuición de un ser celestial que adopta sucesivamente las formas de los niveles que atraviesa existió en al menos una corriente del cristianismo primitivo —marginal, no canónica, conservada en la Ascensión de Isaías.

Esa corriente vio algo que la teología posterior no supo desarrollar, que la encarnación no era un episodio aislado, sino el último paso de un proceso mucho más largo. Que el descenso era estructural y no simplemente algo histórico.

El Revelador toma esa intuición, la ordena y la convierte en el principio mismo del gobierno de los universos locales. En ese sentido no contradice al cristianismo primitivo, responde a una pregunta que ese cristianismo supo formular, aunque no pudo responder. El Revelador ofrece una visión más clara y completa de lo que los antepasados apenas pudieron vislumbrar.



Referencias: Libro de Urantia, Documento 119 "Los Autootorgamientos de Cristo Micael", disponible en urantia.org. La Ascensión de Isaías, traducción de R.H. Charles (1900), texto de dominio público; los pasajes citados corresponden a los capítulos 10 y 11.

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