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sábado, 19 de febrero de 2022

La verdadera masculinidad (según LDU)




 Hoy se habla mucho de las masculinidad toxica que aun permanece en algunas personas que se consideran civilizadas y morales, y que se defiende como si tal actitud o ideología fuera la base de ser un verdadero hombre. Se les hace creer que llorar, mostrar ternura o no ser rudo significa ser un debilucho o afeminado, como una especie de desprecio por ciertas conductas atribuidas a la mujer. En realidad y fuera de toda imposición ideológica, existen tanto hombres como mujeres que se acercan a lo que seria una conducta más fuerte o ruda, mientras que otros se acerca más a una conducta más tranquila y delicada. Incluso el propio ser humano puede tener ambas conductas en diferentes circunstancias, pero eso no destruye o determina que una persona sea un verdadero hombre o mujer. Aunque es cierto que el hombre como la mujer adoptan en su crecimiento ciertas conductas determinadas por las costumbres de la familia o el pueblo, costumbres que no representan necesariamente la realidad de un sexo en particular.

Los Reveladores de Urantia en una época donde verdaderamente existía en mayor grado la masculinidad toxica (machismo) dicen los siguiente:

140:5.16 Es un gran error enseñar a los chicos y a los jóvenes que no es varonil mostrar ternura o dejar que se manifiesten de alguna otra manera los sentimientos emotivos o los sufrimientos físicos. La compasión es un atributo valioso tanto en el hombre como en la mujer. No es necesario ser insensible para ser varonil. Esta no es la manera de crear hombres valientes. Los grandes hombres del mundo no han tenido miedo a mostrar su llanto. Moisés, el afligido, fue un hombre más grande que Sansón o Goliat. Moisés fue un magnífico líder pero fue también un hombre de mansedumbre. Ser sensible y saber responder a las necesidades de los hombres genera una felicidad auténtica y duradera, y estas actitudes bondadosas protegen al mismo tiempo al alma de las influencias destructivas de la ira, el odio y el recelo.

160:1:6 (1773.3) El ser humano maduro empieza enseguida a considerar a todos los demás mortales con sentimientos de ternura y emociones de tolerancia.

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