Aunque en nuestra mente solemos asociar evolución con progreso, ambos términos no siempre son sinónimos. Hay tanto evolución progresiva como no progresiva, ya que la evolución es un proceso de adaptación.
Cuando los reveladores del Libro de Urantia hablan de religiones evolutivas, se refieren a aquellas que son producto de un proceso de adaptación al entorno externo e interno del ser humano. Estas religiones surgen como respuesta inconsciente a lo espiritual, pero mayormente como respuesta contundente a las necesidades de cada momento dado (El auto-interés nubla la lógica.), por ejemplo las primeras religiones del ser humano son evolutivas porque se adaptan a la necesidad de explicación a un mundo desconocido y misterioso, por tanto su religion no va a estar lejos de la necesidad de ese momento, toda religion responde a necesidades.
Hoy en día, las religiones influenciadas por una cultura de capitalismo, aquellas basadas en bendiciones materiales, se adaptan a los intereses de personas que viven en la pobreza y esperan milagros.
Las religiones evolutivas crean sus conceptos de dioses para satisfacer sus deseos, demandas y requisitos. Así, la idea de Dios puede ser cualquier cosa, buena o mala, que el ser humano desee. Sin embargo, el ideal de Dios exige una evolución progresiva hacia los valores divinos, la misericordia comprensiva y la justicia.
Las religiones evolutivas son, por definición, aquellas que se adaptan al entorno y satisfacen las necesidades del interés inmediato o remoto del ser humano, es decir, religiones naturales. En cambio, la religión del espíritu es un proceso de adaptación a la naturaleza divina; una religión que trasciende la bestia, el lado animal, y busca reemplazar la violencia y la competencia por los valores supremos e ideales del Padre (cooperación y misericordia).
Las religiones evolutivas crean sus conceptos de dioses para satisfacer sus deseos, demandas y requisitos. Así, la idea de Dios puede ser cualquier cosa, buena o mala, que el ser humano desee. Sin embargo, el ideal de Dios exige una evolución progresiva hacia los valores divinos, la misericordia comprensiva y la justicia.
Las religiones evolutivas son, por definición, aquellas que se adaptan al entorno y satisfacen las necesidades del interés inmediato o remoto del ser humano, es decir, religiones naturales. En cambio, la religión del espíritu es un proceso de adaptación a la naturaleza divina; una religión que trasciende la bestia, el lado animal, y busca reemplazar la violencia y la competencia por los valores supremos e ideales del Padre (cooperación y misericordia).
Es cierto que para que la gente se acerque al verdadero camino divino, debe existir una necesidad, es decir, razones y contextos válidos que les permitan no solo convertirse, sino también permanecer. Si no hay razones ni satisfacción, las personas tienden a retroceder, sufriendo una evolución regresiva que las lleva a adaptarse a formas más antiguas al no encontrar en las nuevas ese “click” necesario para mantenerse. Abraham, a pesar de ser educado en el ritual del pan y el vino y la salvación por la simple fe, no pudo evitar volver a las prácticas de sacrificios para el Altísimo, pues su naturaleza animal sentía que un ritual más extremo era más satisfactorio y más contundente.
Debemos preguntarnos qué atrae a ciertas personas a permanecer en un culto o grupo de fe, y estudiar eso nos permitirá realizar un trabajo evolutivo, un proyecto que respete la naturaleza humana mientras mejora gradualmente su perspectiva, sin forzarlas a aceptar algo nuevo por otra razón que no sea la fuerza convincente de una lógica clara.
A pesar del trabajo de Jesús, el cristianismo era inevitable, una respuesta evolutiva al contexto social de judíos, griegos y romanos. La doctrina de la expiación, aunque sórdida, fue un avance evolutivo, pues reemplazó la práctica de los sacrificios por la idea de un dios que muere por una nación o por la humanidad. De esta forma se crea un mito que sustituye al anterior, como una respuesta lógica y terrenal a una práctica previa. Moisés, por evolución, no eliminó los sacrificios, pero sus medidas salvaron vidas al reemplazar los sacrificios humanos e infanticidas por sacrificios animales que ocupaban el lugar de esa vida. Es decir, no se elimina la práctica sin razón, sino que se crea otra similar que sirve para evitar la anterior dentro del mito construido.
Por eso entendemos que la misión de la religión más avanzada revelada no es crear una iglesia de creyentes como el cristianismo, sino capacitar a las personas como individuos para que sean ciudadanos expertos en las artes humanas y divinas en medio de un mundo humano, expandiendo el misterioso e invisible reino del cielo, que es como la levadura en la masa, y no la masa misma. Por lo tanto, nuestro papel no es "urantianizar" iglesias, sino "urantianizar" almas, que podrán mejorar desde su propio nivel evolutivo sus maneras de hacer lo que ya hacen, y así, poco a poco, fomentar el progreso evolutivo en bases ya existentes, tal como la revelación avanzada en bases ya existentes.
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