Introducción
El Libro de Urantia afirma, en el Documento 70 («La evolución del gobierno humano»):
70:5.4 «Algunas tribus tuvieron consejos de mujeres y, de cuando en cuando, en muchas tribus rigió una mujer.»
La frase parece un detalle menor, pero cobra sentido cuando se la lee a la luz de la historia de la ciencia y la sociologia. Cuando el texto fue elaborado y publicado (la revelación se sitúa entre 1924 y 1935, y el libro apareció en 1955), la antropología y la arqueología académicas veían el poder político como un asunto casi exclusivamente masculino. Esta entrada examina cómo era ese prejuicio, qué evidencia lo ha desmentido y por qué la afirmación de 70:5.4 resulta tan llamativa.
1. El contexto científico de 1955: una ciencia con anteojeras
1.1. El supuesto dominante
Hacia las décadas de 1930 a 1950, la mayoría de los académicos daba por sentado que el liderazgo político y militar había sido dominio exclusivo de los hombres en prácticamente todas las sociedades antiguas y «primitivas». Esa no fue una conclusión derivada de la evidencia sino que era el punto de partida. Los investigadores proyectaban sobre el pasado la organización de las sociedades industriales occidentales de su propio tiempo, y luego interpretaban sesgadamente cada hallazgo para que encajara en ese marco.
1.2. Los sesgos concretos
- El sesgo del «Hombre Cazador». Se asumía que la caza, la guerra y la política eran esferas masculinas por naturaleza, y que el papel de las mujeres era doméstico y secundario.
- El sesgo del observador. Los etnógrafos eran en su inmensa mayoría varones occidentales que trabajaban sobre todo con informantes varones. Los espacios políticos femeninos, a menudo paralelos y separados de los masculinos, quedaban fuera de su vista y, por lo tanto, de sus monografías.
- La excepción iroquesa tratada como anomalía. Gracias a Lewis Henry Morgan (League of the Ho-dé-no-sau-nee, or Iroquois, 1851), se conocía el notable poder de las «madres de clan» de la Confederación Iroquesa. Sin embargo, el caso solía presentarse como una rareza exótica, o se reducía su poder a «influencia doméstica» en lugar de reconocerlo como lo que era, un gobierno político formal.
- Arqueología con prejuicios incorporados. Una tumba femenina suntuosa se catalogaba casi automáticamente como la de «la esposa del rey» o «una sacerdotisa», rara vez como la de una gobernante por derecho propio. A la inversa, una tumba con armas se asumía masculina sin verificarlo. Era un razonamiento circular, supuestamente se «sabía» que los guerreros eran hombres, así que toda tumba con armas era de hombre, y eso «confirmaba» que los guerreros eran hombres.
1.3 Aclaración: Iroqueses tenían Gobierno pero no Estado
Sobre los iroqueses el Libro de Urantia dice los siguiente:
84:2.2 «La persistencia de la familia materna entre los hombres rojos de Norteamérica es una de las razones principales que explican por qué los iroqueses, progresivos en otros aspectos, no llegaron nunca a fundar un verdadero estado.»
Depende de qué se entienda por «estado», y la diferencia importa para este artículo.
Según la definición clásica, no eran un estado
En la tipología antropológica tradicional (Service, Fried y Carneiro - compuesto de banda, tribu, jefatura y un Estado), un estado suele exigir:
- Autoridad centralizada con monopolio de la coerción legítima.
- Burocracia o funcionarios especializados.
- Ejército permanente.
- Tributos o impuestos obligatorios.
- Estratificación de clases.
- Soberanía definida sobre un territorio.
Los haudenosaunee no cumplían esos criterios. La Confederación (cinco naciones, y seis desde la incorporación de los tuscarora en el siglo 18) no tenía un ejecutivo con poder de mando, ni ejército permanente, ni impuestos, ni fuerza para obligar a una nación miembro. Las decisiones se tomaban por consenso, y cada nación conservaba su autonomía. Por eso muchos antropólogos la describen como una confederación tribal sin estado.
Pero debe quedar claro que «sin estado» no significa «sin gobierno»
Aquí está el error que conviene evitar. Tenían:
- Una constitución oral, la Gran Ley de la Paz (Kayanerenkó:wa), conservada y transmitida mediante cinturones de wampum.
- Un Gran Consejo en Onondaga, con cincuenta cargos hereditarios (hoyaneh, los «sachems»).
- Cargos definidos, procedimientos fijos, reglas de debate y mecanismos para resolver disputas entre naciones.
- Diplomacia sofisticada y tratados con potencias coloniales (la Cadena del Pacto, el Wampum de Dos Hileras).
Es una forma de gobierno formal e institucional, no no es solo doméstica ni informal. Que no encaje en la definición europea de estado no la hace menos política.
El propio Morgan, en Ancient Society (de 1877), distinguía dos tipos de organización, la sociedad basada en el parentesco (societas) y la sociedad política basada en territorio y propiedad (civitas). Según ese modelo de esquema, los iroqueses pertenecían a la primera. Es decir, él los describía como un gobierno real y complejo, pero de base clánica, no estatal. Parte del problema posterior fue que otros entendieron torcidamente «de base clánica» como «menos político».
1.4. El resultado
En 1955, afirmar que las mujeres tuvieron «consejos» formales y que «en muchas tribus» una mujer llegó a regir era contradecir el consenso académico, que veía el gobierno como una actividad masculina casi por definición. Eso es lo que hace significativa este fragmento de la revelación, que no repite el prejuicio de su época, lo desafía con la verdad.
2. Lo que dice el texto, y cómo lo dice
Conviene leer la frase con atención a cada una de sus partes:
| Expresión del texto | Lo que afirma |
|---|---|
| «Algunas tribus» | El fenómeno ocurrió en diversas sociedades, no fue un caso aislado |
| «Consejos de mujeres» | Hubo instituciones formales con atribuciones políticas, no solo influencia privada |
| «Muchas tribus» | El gobierno de mujeres individuales fue un fenómeno amplio |
| «Rigió una mujer» | Hubo gobernantes reales, con mando efectivo |
| «De cuando en cuando» | Ocurrió de manera recurrente, aunque no constante |
Dos rasgos son evidentes. Primero, el texto afirma instituciones («consejos») y gobierno efectivo («rigió»), precisamente las dos cosas que la ciencia de su tiempo negaba o minimizaba. Segundo, lo hace con cuantificadores prudentes, sin exageraciones, lo cual es muy coherente con lo que la evidencia ha ido demostrando después, la realidad de un poder femenino real, recurrente y documentado en culturas muy distintas.
3. La evidencia posterior, caso por caso
3.1. Consejos de mujeres: El poder político institucionalizado
La antropología posterior a 1955 ha documentado sistemas políticos de doble sexo o heterarquías, en los que el poder no es solo masculino, sino que se organiza en estructuras paralelas con esferas de autoridad propias para cada sexo.
Las mujeres igbo (Nigeria)
El estudio clásico de Judith Van Allen, «”Sitting on a Man”: Colonialism and the Lost Political Institutions of Igbo Women» (Canadian Journal of African Studies, 1972), mostró que entre los igbo existían instituciones políticas femeninas plenamente formales. Entre ellas, la figura del Omu (líder de las mujeres de la comunidad, con funciones comparables a las de un cargo de gobierno) y las asambleas de mujeres, con competencia sobre el mercado, la disciplina de sus integrantes y la resolución de conflictos.
Su herramienta política más célebre era «sentarse sobre un hombre» (sitting on a man). Cuando un hombre violaba las normas de la comunidad (por ejemplo, maltrataba a una esposa o dejaba que su ganado destruyera cultivos de mujeres), las mujeres se reunían frente a su casa, cantaban y bailaban canciones burlonas, y podían llegar a golpear su vivienda hasta que él se corrigiera. Era un mecanismo de presión, sanción y huelga política, con poder real y reconocido por la comunidad, incluida la capacidad de vetar decisiones del consejo masculino.
Esto es lo que el Revelador llama «consejos de mujeres», asambleas con atribuciones políticas verdaderas.
Un detalle revelador, que Van Allen subraya, es que estas instituciones fueron debilitadas o destruidas por el colonialismo británico, que reconocía únicamente interlocutores masculinos e ignoraba las estructuras femeninas. La llamada «Guerra de las Mujeres» de 1929 mostró al mundo colonial la fuerza de esa organización. Es decir, el propio proceso colonial ayudó a hacerlas invisibles para la ciencia posterior, otro ejemplo de cómo el sesgo ocultó evidencia que estaba a la vista.
Las madres de clan haudenosaunee (iroqueses)
Los estudios más recientes, entre ellos la obra de Barbara A. Mann, Iroquoian Women: The Gantowisas (2000), han reevaluado la posición de las mujeres haudenosaunee. El resultado es claro: no era mera «influencia doméstica». Las madres de clan poseían (y poseen) el poder constitucional de nombrar a los jefes (sachems) masculinos de cada clan y de destituirlos si no cumplían con su deber. También tenían voz decisiva en cuestiones de guerra y paz.
Esto que la antropología clásica catalogaba como una curiosidad exótica era, de hecho, una estructura constitucional que funcionó durante siglos y que sigue vigente. La reevaluación demuestra que el error no estaba en los hechos, que se conocían desde Morgan, sino en la lectura que el prejuicio imponía sobre ellos.
3.2. Mujeres que rigieron: la evidencia arqueológica y epigráfica
Aquí es donde la evidencia posterior a 1955 resulta aun más contundente, porque transforma a las «esposas de reyes» en gobernantes por derecho propio.
La Señora de Cao (Perú)
En 2006, en el complejo arqueológico de El Brujo (valle de Chicama, costa norte del Perú), el equipo dirigido por el arqueólogo Régulo Franco Jordán descubrió la tumba de una mujer de la cultura Moche, que vivió hacia el siglo IV d. C. Fue enterrada con un ajuar extraordinario: porras de guerra, lanzadardos y emblemas de poder que, según la lectura de la iconografía moche, correspondían al más alto rango político y ritual. Su cuerpo conserva tatuajes y es una de las momias mejor conservadas de la región.
Antes de este hallazgo, la sociedad moche se interpretaba como estrictamente masculina en su cúspide de poder. La Señora de Cao obligó a reescribir esa lectura, que ahora presentaba una mujer que ocupó el vértice del poder en un estado andino y fue enterrada con las insignias de la autoridad militar. Es un descubrimiento que habría sido impensable y algo blasfemó en 1955.
Las reinas mayas
Antes de mediados del siglo pasado, la escritura maya no se había descifrado en lo esencial, y la imagen académica de los mayas era la de un pueblo pacífico gobernado por sacerdotes-astrónomos anónimos. Pero dos avances lo cambiaron todo:
- Tatiana Proskouriakoff demostró en 1960 que las inscripciones de ciertos monumentos de Piedras Negras no eran astronómicas ni religiosas, sino históricas: narraban nacimientos, ascensos al trono, matrimonios y guerras de dinastías reales. Este descubrimiento fundó la epigrafía histórica maya. (Un dato que merece subrayarse es el avance decisivo que lo logró una mujer, en un campo dominado por varones.
- El desciframiento posterior (décadas de 1970 a 1990 y siguientes) permitió leer los nombres y los hechos de decenas de gobernantes, entre ellos mujeres.
Entre las más estudiadas figura la Señora Seis Cielo (Ix Wak Chan Ajaw), de Naranjo, que en el siglo 7 d. C. fue enviada desde Dos Pilas para restaurar la dinastía local, gobernó como regente durante años y dirigió campañas militares. Sus monumentos la muestran en actitud de guerrera triunfante, pisando cautivos. También se conoce a la Señora K’abel (Wak), gobernante en la región de El Perú-Waka’. La obra de Simon Martin y Nikolai Grube, Chronicle of the Maya Kings and Queens (2.ª ed., 2008), sintetiza este conjunto de gobernantes y dinastías, y el estudio de Kathryn Reese-Taylor y colaboradores sobre las reinas guerreras mayas (en Blood and Beauty, 2009) examina específicamente su papel militar y político.
Estas mujeres aparecen en las fuentes «de cuando en cuando», en palabras del texto revelado, y no como figuras decorativas, porque gobernaron con el título supremo de «Señor Sagrado» (K’uhul Ajaw), dirigieron guerras y fundaron o restauraron dinastías. Una ciencia parcial que los había imaginado a todos varones y pacíficos tuvo que corregir ambas cosas.
La guerrera de Birka (Suecia)
En 1878, el arqueólogo Hjalmar Stolpe excavó en Birka, un importante centro comercial vikingo, la tumba catalogada como Bj 581. Contenía espada, hacha, lanza, flechas, escudos y dos caballos, además de un juego de mesa que algunos interpretan como juego de estrategia militar. Como corresponde a un ajuar de guerrero, durante más de un siglo se asumió que era un hombre.
En 2017, el equipo de Charlotte Hedenstierna-Jonson, con análisis de ADN, publicó en American Journal of Physical Anthropology el resultado: los cromosomas eran XX; era una mujer. Es un ejemplo del razonamiento circular que hemos visto antes, porque durante generaciones, la tumba fue interpretada a partir de la premisa de que solo los hombres portaban armas.
Pero la interpretación del hallazgo ha generado debates. Algunos investigadores señalan que un ajuar con armas no prueba por sí solo que la persona haya sido comandante en combate, y proponen considerar también su valor simbólico o de estatus. El consenso sobre el sexo biológico, en cambio, se ha mantenido con análisis posteriores. Lo que el caso demuestra con solidez es el sesgo de la lectura previa, se dio por sentado el sexo del difunto a partir de lo que se creía que debía ser.
4. La crítica metodológica: cómo se corrigió el sesgo
El descubrimiento de estos casos no fue mera casualidad. Desde la década de 1970, la antropología feminista (con figuras como Michelle Rosaldo, Louise Lamphere, Eleanor Leacock o Annette Weiner) cuestionó sistemáticamente el sesgo androcéntrico de la disciplina, mostrando cómo los propios marcos de análisis ocultaban la actividad política, económica y ritual de las mujeres. Aclaró que fue una crítica metodológica, no ideológica en sentido peyorativo, y que ha corregido errores empíricos concretos, como los que hemos visto en Birka, en las tumbas moche o en la interpretación de las instituciones igbo.
El patrón se repite en todos los casos:
- Los datos ya existían desde Morgan (iroqueses), desde la excavación de 1878 (Birka) o desde los propios monumentos mayas.
- El marco interpretativo los torcia «la esposa del rey», «el guerrero» y la «influencia doméstica».
- Un cambio de método o de tecnología (desciframiento, ADN, nuevas excavaciones, trabajo de campo con mujeres) permitió verlos tal cual eran.
Esto es lo que la ciencia posterior demostró, el prejuicio de que el poder siempre había sido masculino no provenía de la evidencia, sino que había sido impuesto sobre ella. Por eso es tan significativo que el Revelador corrija de manera experta el error y el sesgo.
5. Conclusión
Entre 1907 y 1955, la ciencia parcial hablaba con una sola voz, el poder político había sido un asunto de hombres. Setenta años después, la evidencia de los consejos de mujeres igbo, las madres de clan haudenosaunee, la Señora de Cao, las reinas mayas y la tumba de Birka muestra algo muy distinto: las mujeres también gobernaron, dirigieron ejércitos y ejercieron autoridad institucional en culturas de todos los continentes, y fue el sesgo de los investigadores, más que la ausencia de evidencia, lo que lo mantuvo oculto durante tanto tiempo.
La frase del Revelador es significativa por tres razones concretas y esenciales: por su contraste con el consenso de su época, por su afirmación de instituciones y gobierno efectivo (justo lo que la ciencia negaba) y por su compatibilidad con lo que se descubrió después.
Referencias
Fuentes sobre los casos
- Mann, B. A. (2000). Iroquoian Women: The Gantowisas. Peter Lang.
- Van Allen, J. (1972). «”Sitting on a Man”: Colonialism and the Lost Political Institutions of Igbo Women». Canadian Journal of African Studies, 6(2), 165–181. https://www.jstor.org/stable/484197
- Franco Jordán, R. (2009). La Señora de Cao: Misterio y poder en el antiguo Perú. Universidad de San Martín de Porres.
- Martin, S., & Grube, N. (2008). Chronicle of the Maya Kings and Queens: Deciphering the Dynasties of the Ancient Maya (2.ª ed.). Thames & Hudson.
- Reese-Taylor, K., et al. (2009). Warrior queens among the Classic Maya. En H. Orr & R. Koontz (Eds.), Blood and Beauty: Organized Violence in the Art and Archaeology of Mesoamerica and Central America (pp. 39–72). Cotsen Institute of Archaeology Press.
- Hedenstierna-Jonson, C., et al. (2017). A female Viking warrior confirmed by genomics. American Journal of Physical Anthropology, 164(4), 853–860. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ajpa.23308
Sesgo de género en la antropología
- Feminist anthropology, Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Feminist_anthropology
- OpenStax, Introduction to Anthropology, cap. 12.3, «The Power of Gender». https://openstax.org/books/introduction-anthropology/pages/12-3-the-power-of-gender-patriarchy-and-matriarchy
Antecedentes históricos mencionados
- Morgan, L. H. (1851). League of the Ho-dé-no-sau-nee, or Iroquois.
- Proskouriakoff, T. (1960). Historical implications of a pattern of dates at Piedras Negras, Guatemala. American Antiquity, 25(4), 454–475.

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