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martes, 2 de mayo de 2017

La Eugenesia, la Raza y el Libro de Urantia -Parte I - Cap 2-

Parte I: Enmarcando la conversación



Capitulo 2:
Estableciendo el Estándar


Interpretar el trabajo escrito con una actitud madura y positiva es especialmente crucial con temas que son polémicos y complejos. En el Libro de Urantia, este número se trata directamente en una sección titulada La Regla del Vivir:



La Regla del Vivir

En la tarde de este mismo día del sabbat, en Betania, mientras Jesús, los doce y un grupo de creyentes estaban reunidos alrededor del fuego en el jardín de Lázaro, Natanael hizo a Jesús la siguiente pregunta: «Maestro, aunque nos enseñas la versión positiva de la vieja regla de la vida, instruyéndonos que debemos hacer para los demás lo que quisiéramos que ellos hicieran para nosotros, no discierno plenamente de qué manera podremos cumplir siempre con este mandato. Permíteme ilustrar mi pensamiento citando el ejemplo de un hombre lujurioso que de este modo contempla con protervas intenciones a su futura consorte en el pecado. ¿Cómo podremos enseñar que este hombre de malas intenciones debe hacer para los demás lo que quisiera que hiciesen para él?»

Cuando Jesús escuchó la pregunta de Natanael, inmediatamente se puso de pie y, señalando al apóstol con el dedo, dijo:«¡Natanael, Natanael! ¿Qué razonamiento es ése que alberga tu corazón? ¿Acaso no recibes tú mis enseñanzas como un ser nacido del espíritu? ¿Acaso no escucháis la verdad como hombres sabios y con comprensión espiritual? Cuando os advertí que debéis hacer para con los demás como queréis que hagan ellos para vosotros, me dirigía a hombres de ideales elevados, y no a los que podrían caer en la tentación de distorsionar mis enseñanzas, convirtiéndolas en una licencia para actuar en el mal».
Cuando hubo hablado el Maestro, Natanael se levantó y dijo: «Pero, Maestro, no debes tú pensar que yo apruebe semejante interpretación de tus enseñanzas. Hice esta pregunta porque me imagino que muchos de estos hombres podrían interpretar erróneamente tus admoniciones, y esperaba que pudieras darnos más instrucción sobre estos asuntos». Cuando Natanael se hubo sentado, Jesús continuó hablando: «Bien sé yo, Natanael, que tu mente no aprueba tal idea de maldad, pero me desalienta el hecho de que ninguno entre vosotros interprete en forma genuinamente espiritual la mayor parte de mis enseñanzas comunes, instrucciones que debo impartir a vosotros en el lenguaje humano y como los hombres deben hablar sobre estos asuntos. Ahora os enseñaré sobre los diversos niveles de significado que se relacionan con la interpretación de esta regla del vivir, esta admonición de ‘hacer por los demás lo que os gustaría que hiciesen por vosotros':

«1. El nivel de la carne. Tal interpretación puramente egoísta y lujuriosa está bien ejemplificada por la suposición de la pregunta de Natanael.

«2. El nivel de los sentimientos. Este plano está un nivel más alto que el de la carne e implica que la comprensión y la piedad elevarían la interpretación personal de esta regla del vivir.

«3. El nivel de la mente. En este nivel entran en acción el razonamiento de la mente y la inteligencia de la experiencia. El buen juicio dicta que esta regla del vivir se interprete de acuerdo con el más alto idealismo integrado en la nobleza del respeto profundo por sí mismo.

«4. El nivel del amor fraternal. Aún más alto se descubre el nivel de la devoción generosa al bienestar del prójimo. En este plano más elevado de servicio social sincero que crece de la conciencia de la paternidad de Dios y del consiguiente reconocimiento de la fraternidad del hombre, se descubre una interpretación nueva y mucho más hermosa de esta regla básica de la vida.

«5. El nivel moral. Y cuando lleguéis a verdaderos niveles filosóficos de interpretación; cuando tengáis verdadero discernimiento de la rectitud y el error en las cosas, cuando percibáis la idoneidad eterna de las relaciones humanas, comenzaréis a visualizar tal problema de interpretación imaginándoos como visualizaría e interpretaría una tercera persona de mente elevada, idealista, sabia e imparcial, ese concepto aplicado a vuestros problemas personales de adaptación a las situaciones de vuestra vida.

«6. El nivel espiritual. Por último llegamos al nivel más elevado de todos, el del discernimiento del espíritu y de la interpretación espiritual que nos impulsa a reconocer en esta regla de vida el mandato divino de tratar a todos los hombres así como concebimos que Dios los trataría. Ése es el ideal del universo en cuenta a las relaciones humanas. Ésta es pues vuestra actitud frente a todos estos problemas cuando vuestro deseo supremo es hacer por siempre la voluntad del Padre. Deseo por ello que hagáis para todos los hombres lo que sabéis que yo haría en circunstancias semejantes».

Nada de lo que Jesús había dicho a los apóstoles hasta ese momento los había impresionado tanto. Siguieron discutiendo las palabras del Maestro mucho después de él haberse retirado. Aunque Natanael tardó en recobrarse de la impresión de que Jesús no había interpretado bien el espíritu de su pregunta, los demás estaban más que agradecidos de que su filosófico compañero apóstol hubiera tenido el valor de hacer una pregunta que tan abundante respuesta había inspirado.

El Libro de Urantia alienta a abrazar un modelo moral que ha ganado la aceptación casi universal entre los líderes religiosos y secularistas humanitarios, igual trato, tratar a la gente como tratamos a nuestra familia.

Las familias humanas deben equilibrar intereses grupales e individuales; Los padres sabios y cariñosos priorizan adecuadamente los intereses grupales sobre los intereses individuales en el desempeño de sus responsabilidades familiares. Del mismo modo, como ciudadanos responsables y líderes civiles, también debemos priorizar los intereses de grupo sobre los intereses individuales. Así como las familias necesitan ser respetadas para alcanzar este equilibrio en una variedad de maneras, en el nivel macro también debemos respetar que las personas con mentalidad razonable difieren en cómo encontrar un equilibrio entre nuestros intereses individuales e individuales prioritarios pero siempre competitivos.

El Libro de Urantia no puede hacer más, respecto a la eugenesia y la raza, que exigir los más altos estándares morales y éticos. Y esto es exactamente lo que hace al poner toda la discusión en el contexto de las relaciones familiares:
...
La filiación en el Reino, desde el punto de vista de la civilización en avance, debería ayudaros a volveros ciudadanos ideales de los reinos de este mundo, puesto que la hermandad y el servicio son el pilar del Evangelio del Reino. El llamado al amor del Reino espiritual debería actuar como destructor eficaz del impulso al odio de los ciudadanos descreídos y propensos a las guerras de los reinos terrestres. Pero estos hijos que se preocupan de los bienes materiales y que se hallan en las tinieblas nunca van a saber nada de vuestra luz espiritual de la verdad, a menos que os acerquéis a ellos con ese servicio social altruista que es la consecuencia natural de rendir los frutos del espíritu en la experiencia de vida de cada creyente.
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Deberíais volveros ciudadanos mucho mejores del estado secular como resultado de volveros hijos iluminados del Reino; del mismo modo los gobernantes de los estados terrestres deberían tornarse mejores gobernantes en los asuntos civiles como resultado de la fe en este Evangelio del Reino celestial. La actitud del servicio altruista a los hombres y la adoración inteligente de Dios hará que todos los creyentes del Reino se vuelvan mejores ciudadanos del mundo; al mismo tiempo, la disposición de quedar un ciudadano honesto y la de la devoción sincera a los deberes temporales hará que ese ciudadano sea más receptivo al llamado espiritual de la filiación en el Reino celestial.
...
Cuando un creyente del Reino es llamado a servir al gobierno civil, que rinda ese servicio como ciudadano temporal de tal gobierno, en forma tal que ponga en evidencia la manera en que el esclarecimiento espiritual de la relación ennoblecedora de la mente del hombre mortal con el espíritu residente del Dios eterno eleva los rasgos comunes de la buena ciudadanía. Si resulta que un no creyente puede calificar como un superior servidor civil habrá que investigar seriamente si las raíces de la verdad en vuestro corazón no se han secado por falta del agua viva de la comunión espiritual, combinada con el servicio social. La conciencia de la filiación de Dios debe estimular la entera vida de servicio de todo hombre, mujer y niño que posea tan poderoso estímulo para todos los poderes inherentes de una personalidad humana.


Los principios empleados para equilibrar sabiamente los intereses de grupos, subgrupos e individuales son fundamentalmente los mismos en el nivel micro como en el nivel macro, para los miembros de la familia y para los ciudadanos, para los padres y para los líderes civiles.

En cuanto al papel de las religiones y los religiosos en la política y la cultura, el Libro de Urantia enseña:

Cuando el hombre moderno se sorprende por la presencia de tantas costumbres que podrían ser consideradas obscenas en las escrituras de distintas religiones, debería considerar que las generaciones que van pasando han temido eliminar lo que sus antepasados consideraban santo y sagrado. Muchas de las cosas que una generación podría mirar como obscenas, las generaciones precedentes las consideraban parte de sus costumbres aceptadas, aun como ritos religiosos aprobados. Una cantidad considerable de controversia religiosa ha sido ocasionada por los intentos constantes de reconciliar prácticas antiguas pero censurables con la razón más avanzada del presente, en encontrar teorías plausibles que justifiquen la perpetuación en el credo de las costumbres antiguas y desgastadas.

Pero no es más que tonto intentar una aceleración demasiado repentina del crecimiento religioso. Una raza o nación tan sólo puede asimilar de una religión avanzada lo que sea razonablemente adaptable y compatible con su estado evolutivo del momento, además de su habilidad para la adaptación. Las condiciones sociales, climáticas, políticas y económicas son todos factores influyentes en la determinación del curso y progreso de la evolución religiosa. La moralidad social no está determinada por la religión, o sea, por la religión evolutiva; más bien las formas de la religión son dictadas por la moralidad racial.

El religioso no es insensible al sufrimiento social, ni está inconsciente de la injusticia civil, ni está aislado del pensamiento económico, ni tampoco es insensible a la tiranía política. La religión influye directamente sobre la reconstrucción social porque espiritualiza e idealiza al ciudadano individual. Indirectamente, la civilización cultural está influida por la actitud de estos religiosos individuales a medida que ellos se vuelven miembros activos e influyentes de los varios grupos sociales, morales, económicos y políticos.

El logro de una alta civilización cultural exige, en primer término, el tipo ideal de ciudadano y, luego, mecanismos sociales ideales y adecuados mediante los cuales esta ciudadanía pueda controlar las instituciones económicas y políticas de una sociedad humana tan avanzada.

 La iglesia, debido a un exceso de falso sentimiento, viene ministrando desde hace mucho tiempo a los menesterosos y los desafortunados, y todo eso ha estado bien, pero este mismo sentimiento ha llevado a la perpetuación imprudente de estirpes racialmente degradadas que han retardado tremendamente el progreso de la civilización.

Muchos reconstructores sociales individuales, aunque repudian vehementemente a la religión institucionalizada, son después de todo, altamente religiosos en la propagación de sus reformas sociales. Así la motivación religiosa, personal y más o menos no reconocida, juega un papel importante en el programa actual de reconstrucción social.

La gran debilidad de todo este tipo de actividad religiosa no reconocida e inconsciente yace en que es incapaz de aprovecharse de la crítica religiosa abierta y por lo tanto de obtener niveles beneficiosos de autocorrección. Es un hecho que la religión no crece a menos que se vea disciplinada por la crítica constructiva, ampliada por la filosofía, purificada por la ciencia, y alimentada por el compañerismo leal. (énfasis añadido) 

Siempre existe el gran peligro de que la religión se distorsione y se pervierta en pos de objetivos falsos, como por ejemplo, en tiempos de guerra, toda nación contendiente prostituye su religión en la propaganda militar. El fervor sin amor es siempre perjudicial para la religión, mientras que la persecución desvía las actividades de la religión hacia el logro de alguna exigencia sociológica o teológica.

La religión puede mantenerse libre de las alianzas seculares profanas sólo mediante:

1. Una filosofía críticamente correctiva.
2. Libertad de toda alianza social, económica y política.
3. Compañerismo creador, consolador y que engrandece al amor.
4. Enaltecimiento progresivo de la visión espiritual y de la apreciación de los valores cósmicos.
5. Prevención del fanatismo mediante las compensaciones ofrecidas por una actitud mental científica.

Los religiosos como grupo nunca deben ocuparse de nada que no sea la religión, aunque cada religioso en particular, como ciudadano individual, puede tornarse en líder destacado de algún movimiento social, económico o político de reconstrucción.

Es ámbito de la religión crear, sostener e inspirar tal lealtad cósmica en el ciudadano individual que le guíe al logro del éxito en el ascenso de todos estos servicios sociales difíciles pero deseables.

Puede haber parecido en el pasado que la iglesia institucionalizada haya servido a la sociedad glorificando los órdenes políticos y económicos establecidos, pero debe cesar rápidamente en dicha acción si ha de sobrevivir. Su única actitud adecuada consiste en enseñar la no violencia, la doctrina de la evolución pacífica en lugar de la revolución violenta —paz sobre la tierra y buena voluntad entre todos los hombres.

Pero la religión no debería ocuparse directamente de la creación de nuevos órdenes sociales ni de la preservación de los antiguos. La verdadera religión se opone a la violencia como técnica de evolución social, pero no se opone a los esfuerzos inteligentes de la sociedad por adaptar sus usos y ajustar sus instituciones a las nuevas condiciones económicas y requisitos culturales.

Como texto que integra la teología, la cosmología, la historia y la filosofía, el Libro de Urantia es directo al abordar el papel que las instituciones religiosas y los individuos religiosos deben desempeñar con respecto a las instituciones sociales y políticas. Los principios y valores básicos que se han conocido como "la separación de la iglesia y el estado", son ampliados y avanzados en El Libro de Urantia. Y colocarlos en el contexto más amplio del servicio social y de las relaciones familiares aumenta aún más estas enseñanzas.

El matrimonio, con los hijos y con la consiguiente vida familiar, estimula los potenciales más elevados de la naturaleza humana y provee simultáneamente el camino ideal para la expresión de esos atributos acelerados de la personalidad mortal. La familia provee la perpetuación biológica de la especie humana. El hogar es la arena social natural en la que los niños en crecimiento pueden captar la ética de la hermandad de la sangre. La familia es la unidad fundamental de la fraternidad en la que padres e hijos aprenden esas lecciones de paciencia, altruismo, tolerancia e indulgencia que son tan esenciales para la realización de la hermandad entre los hombres.

Los padres -porque ellos saben que aman a sus hijos- pueden hablar claramente acerca de la variedad de dones y desafíos inherentes y ambientales que afectan la vida de sus hijos. Cuando, como padres sabios y amorosos, hablamos de las fortalezas y debilidades de nuestros hijos, esto no es un reflejo del favoritismo. Considerar lo que es mejor para la familia colectivamente no significa que amemos a nuestros hijos menos como individuos. Del mismo modo, los autores de El Libro de Urantia y nuestros líderes civiles merecen la misma consideración al abordar temas que son críticos para nuestro bienestar colectivo, como la eugenesia y la raza.

Al igual que con los niños, la cultura humana tiene etapas de crecimiento, etapas que marcan importantes puntos de inflexión y transiciones. Crecemos individual y colectivamente; Nuestras culturas son tan diversas en sus disposiciones y niveles de madurez como son nuestros hijos. Tener una opinión sobre lo que significa para los niños a desarrollarse y progresar con el tiempo es tan importante y válido para los padres en relación con los niños como lo es para los ciudadanos en relación con la humanidad. Tener normas objetivas que se apliquen igualmente a toda la humanidad es tan importante y válido para nuestros líderes civiles como lo es para los padres.

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